Dios mío! Hace tanto que no escribo nada acá. No quiere decir que no escriba, solo que no escribo acá. Tengo tanto que contar: La historia del tipo mentiroso. La del tipo fanático de Starbucks. La de la chica loca. La búsqueda del sillón perfecto. La del taxista con muchas opiniones. El tipo del ascensor. Tengo sentimientos? No vamos a ir en orden porque no tengo idea del orden. En realidad si tengo idea, pero no quiero ir en orden. No me importa. Yo hago lo que quiero, es mi vida. Ja! Perdón, me olvide que no sos mi madre. Es un reflejo.
Empiezo con esto: volví a mi país de origen. O sea, estoy en argentina. Dentro del país. Más cerca del polo sur que del norte. Se entiende, no? Esto me está gustando. Un poco demasiado se podría decir. Estoy esperando bajar de este alto y odiar todo y querer irme a Suecia donde todo es perfecto. Pero, por ahora, me gusta. Me encanta. Me está enamorando. Y volvió mi insomnio. Al fin! Estaba preocupándome, tenia sueño a las 11 de la noche; eso no es normal.
Ahora a elegir una historia. Hoy contamos la del tipo mentiroso. No voy a decir su nombre porque los nombres no importan cuando se habla de alguien que no conocés. Todos son anónimos hasta que no lo son. Si para mí tiene nombre la cara, pero vos ni la viste, para qué querés saber el nombre? Para nada. No querés.
Afuera del Canal hay unas puertas de entrada. Pero no son puertas de entrada porque no te llevan dentro del canal, te llevan a un limbo. El espacio entre el cielo y el infierno, donde esperas que te den tu sentencia según algunas religiones. Bueno, en este caso era el espacio entre el Canal y Afuera, donde esperás que te digan que pases a firmar un contrato y chequeen tu edad y si estas en ´la lista´. Si, tienen una lista. Estuve parada en el Limbo desde las 9 hasta las 10-10. Demasiado tiempo, no había ni donde sentarse.
Habían solo otras tres personas, así que enseguida nos llamaron para firmar los contratos y para que verifiquen que somos quien dijimos que éramos. Mientras leíamos los contratos, vino el de seguridad, y con acento yankee, imitó a alguien: ¨Houla, vengou ah verr el show. Soy muy fanaticou de el anfitrioun.¨ Más o menos así. Se reían, nos dimos cuenta que hablaban del tipo parado en la puerta que tenía pinta, claro, de yankee. Nosotras nos reímos también; estábamos ahí paradas en frente de ellos, es lo socialmente aceptable reírse de todos los chistes.
Otra vez en el Limbo, nos quedamos paradas charlando. Yo, curiosa como de costumbre, mirando al tipo raro vestido de yankee. Se habrá dado cuenta que lo miraba, o tal vez le parecimos interesantes. Al rato nos empieza a hablar, en ingles, claro. Habla de cuanto le gusta Buenos Aires, que Estados Unidos no es nada que ver y que es mucho más aburrido y estricto. Ah, y que ahí son todos muy gordos. Eso me sonó raro. Viví 3 años en EEUU, nunca escuche a un estadounidense criticar a su país. Nunca. Algo me interesaba de este tipo, pero no sabía bien qué.
Todo el show charlamos en la tribuna mientras pretendíamos reírnos de todo lo que pasaba. Él criticaba a mucha gente, una y otra vez. Ya me caia mal, es pesado, denso. Pero igual le sonreía y actuaba como que si la estaba pasando re bien. Tenía una misión: saber qué tenía este tipo, y no soy de dejar incompletas las misiones que mi mente propone. El seguía hablando en inglés y yo le seguía hablando, ignorándolo un poco a veces, pretendiendo estar prestando atención al show.
Terminó, al fin, y salimos a esperar el colectivo. El chico nos confiesa que en realidad es argentino (bingo!), y que inventó lo de ser estadounidense para que lo dejen entrar al canal a pesar de no haber sido invitado. Creía que iba a estar tal famoso en el show (no estuvo). A nosotras nos mintió también para que no lo delatáramos. La verdad no sé ni por qué nos habló, pero fue demasiado interesante conocer a alguien que podía fingir tan bien. Nos invitó a comer con él. Siendo yo…bueno, yo…acepté; la curiosidad me comía por dentro. Estaba dispuesta a ir a cualquier lado con tal de hablar más con alguien así. Me lo imaginaba como un personaje de un libro. El tipo era un personaje ficticio. No podía ser real.
Terminamos yendo a cenar con este tipo mentiroso. El hablaba y hablaba, y hablaba. Quiero decir que hablaba mucho. Demasiado. Sobre él. Preguntaba algo sobre nosotras y desviaba el tema hacia él. Aprendí la historia de su vida, por suerte tengo memoria selectiva y ya la olvidé. Yo perdí el interés. Intentaba descifrar qué era verdad, y qué mentira. Pero no me interesaba nada de lo que contaba. Era demasiado. Como una telenovela, llena de situaciones extrañas que nunca le pasan, todas juntas, a nadie. Me quería ir, así que terminamos de comer lo más rápido posible. En la salida quiso tomar el mismo colectivo que nosotras pero, gracias a quien sea, no iba para el mismo lado y pudimos tomarlo en paz.
Nos dio su tarjeta, para que lo agreguemos al facebook. Por suerte, él no estaba lo suficientemente interesado en nosotras como para preguntarnos los apellidos. Pudimos zafar de agregarlo y no tuvimos que volverle a hablar en nuestra vida. Tal vez algún día, cuando sea famoso, nos arrepintamos de no haber mantenido la comunicación con él. O tal vez hayamos zafado de conocer toda una red de gente falsa. Gente del ´show´. Además, me aburrió.
La moraleja: si mienten es porque no se creen interesantes, lo cual los vuelve muy poco interesantes.
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